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Ene

Deportado 4443, viñetas sobre el infierno de Mauthausen

En ‘Victorias y Derrotas, la Historia a través del balón’ hemos tenido la suerte de poder hablar con Juan Espadas, Ioannes Ensis. Se trata del dibujante de una de las últimas grandes obras gráficas con contenido histórico de nuestro país. Un volumen que une historia, arte, redes sociales y sobre todo memoria histórica. Una unión que saca a la luz una obra terrible y dura pero a la vez necesaria. Se trata de Deportado 4443, cuyo autor es Carlos Hernández de Miguel y ha sido publicada por Ediciones B.

Una obra que cuenta el horror de Mauthausen donde muchos españoles murieron y fueron torturados. Carlos Hernández contó a través de Twitter la historia de su tío, Antonio Hernández Marín, convirtiéndolo en @deportado4443. Un trabajo de investigación excepcional y cruel realidad de lo vivido en ese campo de concentración son los elementos distintivos de la obra de Carlos. Posteriormente, Juan Espadas extrae de los textos toda esa amalgama de sentimientos y lo convierte en imágenes que dan vida a Deportado 4443, y es precisamente con él con quien tenemos el gusto de charlar.

Hay una frase en tu web que refleja fielmente tus objetivos “Como autor de cómic, mi trabajo es contar historias. Como profesor de cómic, mi trabajo es enseñar. Como historiador, mi trabajo es formarme.” ¿Qué destacarías de cada una de tus tres facetas: historiador, profesor y dibujante? ¿Qué es lo más satisfactorio de cada una de tus facetas?

En realidad es todo una conjunción para tratar de crecer como persona y como artista, no veo que sean partes separadas de mi. De hecho en mis cómics siempre trato de reflejar mi interés por la historia, aún en los más fantasiosos, y si no enseñar directamente si aprender yo algo para luego poder trasmitirlo a mis alumnos. Creo que todo se retroalimenta.

En “Victorias y Derrotas” nuestro objetivo es acercar el cómic a las aulas, que la Historia se cuente de otra manera, tu como dibujante, profesor e historiador, ¿qué ventajas destacarías del cómic como herramienta en la didáctica de las Ciencias Sociales? ¿por qué debe entrar el cómic en el aula?

Pienso que el cómic es un medio muy infravalorado, a nivel artístico es algo sabido, pero también como elemento de formación. De hecho, mis primeros trabajos “profesionales” fueron manuales de prevención de riesgos laborales adaptados al cómic. Las ilustraciones son mucho más específicas que una enorme parrafada y, además, hace más amena la lectura. No sólo en las Ciencias Sociales, en cualquier ámbito de la enseñanza, el cómic es una herramienta que puede complementar a otras, no sustituirlas.

Respecto al cómic en las aulas es algo que ya se está haciendo, que debería tener más presencia, claro, pero los primeros pasos ya se han dado. Como curiosidad, en la presentación del cómic “Deportado 4443” en Barcelona un porcentaje alto de los asistentes eran profesores de historia, tanto de instituto como universitarios.

Para empezar a hablar de Deportado 4443, obviamente hay que hablar de Carlos Hernández de Miguel y Twitter, ¿Cómo comenzó vuestra andadura juntos? ¿Qué es lo que más te sorprendió cuando comenzasteis a trabajar Carlos y tú?

A través de Twitter. Todo empezó con un Tweet de la cuenta donde contaba la historia de su tío Antonio que llegó a mi TL, no recuerdo quién lo retuiteó. Me llamó la atención y en un periquete me leí todo lo que había publicado hasta el momento. Como soy una persona muy visual creí que todos los tweets de @deportado4443 deberían tener una imagen y me puse en contacto con Carlos, a través de una amiga común, para pedirle permiso para ilustrar los tweets. A Carlos le entusiasmó la idea de publicar en forma de cómic la historia de su tío y de los compañeros españoles de Mauthausen.

Trabajar con Carlos es, para alguien tan maniático de la documentación y la precisión, una maravilla porque está siempre pendiente de la precisión. Por eso lo que más me sorprendió no fue el trabajo con Carlos, si no el descubrir mi propia ignorancia respecto a este episodio histórico, la ignorancia casi generalizada del mismo por parte de la sociedad española y, sobre todo, el silencio de las instituciones “democráticas” de este país desde la muerte de Franco.

Al enfrentarse con la tarea de dibujar de los episodios más terribles de la historia de la Humanidad ¿Qué sensaciones y pensamientos te embargaban cuando dibujabas un campo nazi de exterminio como el de Mauthausen? ¿Cuáles fueron las escenas o páginas más duras para ti?

Fueron muchos meses de trabajo, con muchos altibajos emocionales. Creo que sin el apoyo moral de mi mujer y mi hija no habría sido capaz de dibujar todo eso, porque dibujar eso implicaba sumergirte en ese universo concentracionario. Fueron cientos de horas de documentación (afortunadamente me ayudaron amigos de la universidad que conocen el periódico histórico mucho mejor que yo, que estudié historia medieval), vi miles de fotografías, no solo de Mauthausen y Gusen si no también de Auschwitz, Birkenau, Sachsenhausen, Dachau, Buchenwald, Terezin, Ravensbrück, etc. Vi horas de documentales y de películas.

Todo eso, día tras día, semana tras semana, mes tras mes te mina emocionalmente. Llegó un momento que tuve que dejar de trabajar unas semanas porque me despertaba en mitad de la noche con pesadillas y me sentía culpable por no haber estado allí y estar contando la historia de esos hombres y mujeres.

También era duro cuando tenías delante un documento gráfico de alguien que ya no podías considerar un personaje de un cómic, si no como una persona, veías su número de preso, podías ir a los registros y saber como se llamaba y, en algunos casos, saber como murió. Sin querer tenías que implicarte con eso.

Una de las páginas que más me costó, porque tenía muchas implicaciones respecto al concepto del cómic, es la 68. No dibujé las páginas consecutivamente si no que fui haciendo las más difíciles (técnica o emocionalmente) primero. Y esa implicaba una decisión fundamental para el resto del trabajo, de modo que pensé mucho en ella. En esa escena Antonio Hernández y su amigo Antonio Cebrián, acuciados por el hambre, comen de los cadáveres de unos judíos asesinados por los SS. ¿Cómo iba yo a dibujar eso?

Art Spiegelman, que es mucho más listo que yo, decidió dibujar la historia de su padre mediante ratones y otros animales antropomórficos, creo que eso le ayudó a dibujar “Maus”. Yo no quería ocultar nada y basarme lo mejor que pudiera, con mis conocimientos y capacidades como dibujante, en la documentación real existente. Evidentemente no hay documentación de ese momento. No quería seguir el camino de Spiegelman, pero tampoco era capaz de concebir esa escena. Así que estuve mucho tiempo retrasando el dibujo de esa (y de otras páginas) hasta decidirme por mostrar lo que hubo, sin edulcorarlo de ninguna forma porque lo que pasó no se puede edulcorar.

Curiosamente  nunca he llegado a tener claro como es el campo, o mejor dicho, como fue. Aprendí a identificar los distintos edificios, los lugares de trabajo o descanso, la lavandería, la cámara de gas, pero nunca he logrado tener una idea general del campo al completo.

“Deportado 4443” es mucho más que un cómic, es la memoria gráfica de una historia casi olvidada en nuestras aulas, en nuestro país. ¿por qué crees que obras como “Deportado 4443” son necesarias hoy en día?

Realmente parece que nuestra sociedad se encamina a considerar innecesarias disciplinas como la Historia, la Filosofía o el Arte en la formación de los niños y jóvenes que vivirán y trabajarán aquí en el futuro.

Personalmente pienso que cualquier conocimiento es bueno y útil por si mismo y que la formación en humanidades hace mejor a toda persona. Desde este punto de vista si que debería estar en las aulas, como muchas otras obras.

En concreto, con “Deportado 4443”, no tendría mayor satisfacción personal que estuviera en las aulas, porque hay una página de nuestra historia reciente que muchos han pasado ya, que piensan que no hay que reabrir heridas; pero es una página que todavía se está escribiendo, a mi entender, y heridas que están sangrando todavía. Y no hay nada mejor que conocer el planteamiento de una historia (aquí es donde están cómics como “Maus” de Spigelman, “Los surcos del azar” de Paco Roca, “Esperaré siempre tu regreso” de Jordi Peidro, “Prisionero en Mauthausen” de Carbos y Cosnava, o “Cuerda de presas” de Jorge García y Fidel Martínez) para entender bien el nudo y poder prever el desenlace.


“Victorias y Derrotas, la historia a través del balón” se trata de la puesta en marcha de un cómic que aúne historia y fútbol y que sirva para valorar los acontecimientos históricos en el aula desde una forma diferente y divertida.

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Artículo publicado en “Wanderers, El fútbol del pueblo”